Bibliomóvil de Los Sauces

La mochila del Chavita

La biblioteca móvil compartió un pequeño relato sobre uno de sus usuarios.

16/02/2017

Fuente: Bibliomóviles

Los Sauces es un pueblo pequeño, donde el 98% del territorio comunal corresponde a áreas rurales.

De todos aquellos sectores rurales que visitamos con la biblioteca móvil, San Ramón Alto es el punto más alejado en el mapa. Llegar hasta la pequeña escuelita G- 54 es difícil, tanto por las malas condiciones del camino de ripio y las duras condiciones climáticas como por la distancia, ya que está ubicada en la parte alta de la cordillera de Nahuelbuta.

La mayoría de los alumnos se ven obligados a caminar grandes distancias bajo las condiciones a veces inclementes de la naturaleza: Lluvia, fuertes vientos, heladas, neblina, nieve, y por supuesto, un frío brutal durante los meses de invierno. En esta escuelita, en esta pequeña y distante escuelita, es donde encontramos amor puro por la lectura.
Cada dos miércoles llegamos a visitarlos. Ellos miran por la ventana y con grandes muestras de alegría salen a abrir el portón de madera para que ingresemos con nuestro deteriorado vehículo. La profesora Miguelina, que hace las veces de mamá, doctora, sicóloga y guía de estos niños, nos da la bienvenida, mientras éstos nos ayudan a bajar las cajas con libros y a llevarlas hasta la única salita que comparten todos los alumnos, cuyas edades fluctúan entre los 6 y 12 años.

En una oportunidad, luego de la actividad de fomento lector, que aquella vez se trataba del cuento en Kamishibai "El ganso de oro", cada niño solicitó los libros de esa semana, y los ayudamos a ponerlos en sus mochilas. Ofrecí mi ayuda a uno de los niños, apodado "El Chavita".

- Tía, yo no tengo mochila, me dijo.

Le pregunté en qué llevaba sus cuadernos entonces.

- En la misma bolsa con la que voy a buscar piñones pa' allá pal cerro, tía.

Con su simpleza de niño abrió la bolsa de nylon, la misma que usaba para recolectar piñones en la cordillera, con sus pequeñas manitos partidas por el frío y la nieve. Con un nudo en el pecho lo ayudé a meter los 5 libros que religiosamente llevaba para entretener sus tardes sin luz, televisión o internet.

Se despidió con una amplia sonrisa, de genuina y pura felicidad. El nudo en mi pecho se deshizo. Comprendí que era feliz, que no necesitaba nada más que sus 5 libros, comprendí que el cerro es un buen lugar para crecer, para conocer el mundo y descubrirlo desde la inocencia. Comprendí que nuestra misión era más importante de lo que parecía, no somos simples repartidores de libros. Gracias a la biblioteca móvil, El Chavita viajaría más allá de la cordillera, conocería nuevos mundos, lugares y personajes… y sería feliz.

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