Dibamóvil Región de Coquimbo

Libros mojados

La biblioteca móvil compartió un pequeño relato sobre uno de sus usuarios del pequeño balneario de la comuna de Guanaqueros.

22/09/2016

Fuente: Bibliomóviles

Uno de los usuarios que más recuerdo vive en el pequeño balneario de Guanaqueros (comuna de Coquimbo). El llegaba muy ordenado y preparado para su cita con la lectura. Pocas veces conversaba. Sólo se remitía a escoger sus libros y con una pequeña sonrisa, entregaba su selección y devolvía los anteriores, los que usualmente estaban húmedos. Así pasaron muchos meses. Hasta que un buen día comenzó a conversar más. Nos contó que había viajado por muchos países en su oficio de marino mercante y de lo bien que le pagaban haciendo muchos oficios a bordo de los barcos. De la ocasión en que ganó tanto dinero como para viajar a una isla paradisiaca en donde exprimió hasta el último dólar en bares y locales nocturnos.

Con mi curiosidad típica le pregunté por qué le gustaba leer. Me explicó que en su actual etapa de soledad y a sus años, prefería leer y seguir viajando de la mano de sus autores favoritos. Así pasaron varios años. Sin embargo, poco a poco sus llegadas eran más impuntuales. Su aspecto cada vez más desaseado y acompañado de un fuerte aliento a alcohol. Los libros, mojados. Nos pedía disculpas pues explicaba que en ocasiones los llevaba para leerlos mientras ejercía su oficio de ayudante en un bote pesquero.

Un buen día de primavera, apareció por la puerta del móvil. Ya no era el mismo. Su aspecto era terrible y su olor peor. A duras penas pudo subir al bibliomóvil. Se apoyaba penosamente de las estanterías y escasamente podía sostenerse y de pronto, lo inevitable. Cayó pesadamente sobre el piso. Su borrachera era evidente. Reconozco que no supe qué hacer y quedé sin mucha reacción. No sabía si correrlo o decirle que volviera sobrio. No sabía si lo haría sentir mal. Más mal de lo que estaba. No sé. Pensaba en segundos qué hacer cuando de pronto mi compañero se levantó como un resorte y lo ayudó a incorporarse y le dijo casi con tono paternal a este hombre que superaba los 60. "No puedes subir así. A nosotros nos hace mal verte de esta manera. Te estimamos y por eso queremos que te mejores. Hemos visto como te deterioras y ahora ya no puedes seguir así. Lo lamentamos pero no te podemos atender. Sigue viniendo pero sobrio".

Nuevamente intentó recuperar el equilibrio y salió por la puerta. Para alegría nuestra regresó unos meses después. Nos pidió disculpas y siguió pidiendo sus libros, siempre acompañado de su halito alcohólico pero afortunadamente para nosotros y para él, no al extremo de esa penosa oportunidad.

En la actualidad llega al móvil puntualmente, pese a que lucha con fuertes temblores en sus piernas y manos. Y sus libros, como siempre... mojados.

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